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¿Quién gana y quién pierde con el aumento del 23 % del salario mínimo en 2026?

Gráfico del salario mínimo en Colombia: 2024, 2025 y 2026, con aumento del 23 %

Artículo actualizado el 14 de octubre de 2026 con las cifras más recientes del DANE, el Banco de la República y el estado del proceso ante el Consejo de Estado.

Un aumento sin precedentes recientes

Cada diciembre, Gobierno, gremios y centrales obreras se sientan a negociar el salario mínimo del año siguiente. En 2025 no hubo acuerdo: las centrales pidieron un alza del 16 % y los empresarios ofrecieron 7,21 %, mientras Fedesarrollo sugería un rango entre 6,5 % y 7 %. La llamada fórmula técnica (inflación más productividad) daba alrededor de 6,2 % a 6,4 %.

El Gobierno decidió por decreto. Con el Decreto 1469 del 29 de diciembre de 2025, el salario mínimo legal mensual vigente (SMMLV) para 2026 quedó en $1.750.905, un aumento exacto del 23 % frente a los $1.423.500 de 2025. Es decir, $327.405 más al mes. Como referencia, en 2024 el mínimo era de $1.300.000 y para 2025 se anunció un alza del 9,54 %.

El auxilio de transporte también subió: con el Decreto 1470 de 2025 pasó de $200.000 a $249.095 (24,5 %). Lo reciben quienes ganan hasta dos salarios mínimos ($3.501.810). Sumando salario y auxilio, quien devenga el mínimo recibe $2.000.000 al mes.

Frente a una inflación de 5,10 % en 2025, el aumento real fue de cerca de 18 puntos porcentuales: el mayor en décadas.

¿Sigue vigente? El pleito en el Consejo de Estado

El decreto fue demandado. El 12 de febrero de 2026 la Sección Segunda del Consejo de Estado lo suspendió provisionalmente, al considerar que el Gobierno pudo apartarse de los criterios de la Ley 278 de 1996 al apoyarse en el concepto de “salario vital”. Para no dejar el mínimo en el aire, el Gobierno expidió el Decreto transitorio 0159 del 19 de febrero de 2026, que mantuvo el mismo valor.

En julio de 2026 el Consejo de Estado revocó la suspensión y el Decreto 1469 volvió a regir. A comienzos de octubre se acumularon las demandas y el proceso avanza hacia una sentencia anticipada. Mientras no haya fallo de fondo, el salario mínimo de 2026 sigue siendo $1.750.905.

Un país que vive cerca del mínimo

Para dimensionar el tema hay que mirar cuántas personas dependen de esa cifra. Según datos del DANE para enero a octubre de 2025, reseñados por Portafolio y Valora Analitik:

  • 11,38 millones de ocupados (48,9 %) ganaban menos de un salario mínimo.
  • 2,40 millones (10,3 %) ganaban exactamente un salario mínimo.
  • Cerca de 6 millones ganaban más de uno y hasta dos salarios mínimos.
  • Solo unos 3 millones ganaban más de dos salarios mínimos.

A eso se suma la informalidad. En el trimestre junio–agosto de 2026, el DANE reportó una tasa de informalidad de 54,8 % en el total nacional, 40,7 % en las 13 ciudades principales y 83,1 % en centros poblados y zonas rurales. Más de la mitad de quienes trabajan lo hacen sin contrato formal ni protección plena de seguridad social, de modo que para muchos el mínimo es más una referencia que un derecho efectivo.

Quiénes ganan con el aumento

1. Los hogares que viven de un salario formal

Para quien tiene un empleo formal con salario mínimo, el alza significó un alivio inmediato: más ingreso disponible para alimentación, transporte, arriendo y deudas, después de varios años en los que la inflación de alimentos y servicios regulados golpeó con fuerza.

2. El comercio y el consumo masivo

Los hogares de menores ingresos gastan casi todo lo que reciben. Por eso un aumento del mínimo impulsa el comercio de barrio, los alimentos y productos básicos, el transporte público y los servicios personales. Para la industria de consumo masivo y el comercio minorista, más ingreso en estos hogares se traduce en ventas.

3. La capacidad de pago de los créditos

Muchos trabajadores de estratos 1, 2 y 3 financian electrodomésticos, motos o pequeños negocios con microcrédito o crédito de consumo. Un ingreso mayor mejora su capacidad de pago y, en el margen, reduce la probabilidad de mora.

Los costos: empleo formal, informalidad e inflación

1. Presión sobre el empleo formal

Para una empresa grande y productiva, el aumento se diluye en su estructura de costos. Para miles de micro y pequeñas empresas, donde la nómina pesa mucho, el impacto es mayor: congelación de vacantes, tercerización, sustitución por tecnología o cierre.

Las estimaciones fueron contundentes. Fedesarrollo calculó que el alza podría destruir hasta 600.000 empleos formales, subir la informalidad hasta 3 puntos y añadir hasta 1,7 puntos a la inflación. El Banco de la República señaló que los trabajadores de salario mínimo son el 17 % de los ocupados y el 47 % del empleo asalariado formal, que el mínimo ya equivalía al 64 % del ingreso laboral medio (frente a 47 % en México y 50 % en Chile) y que la demanda de horas formales de baja calificación podría caer hasta 20 % en el largo plazo. Según el Emisor, la variable que más reacciona no es el desempleo sino la informalidad.

2. Lo que ya se observa

Con datos del primer trimestre de 2026, ANIF encontró señales de ese efecto: los formales que ganan exactamente un mínimo pasaron de 3,3 a 3,6 millones, los informales que ganan menos de 0,6 salarios mínimos subieron de 0,7 a 1,0 millones, y 9 de cada 10 vacantes nuevas pagan exactamente un mínimo. Es decir, más personas se concentran en el piso salarial y crece el grupo de informales con ingresos muy bajos.

3. El achatamiento de las escalas salariales

Aunque la ley solo fija el mínimo, muchas empresas ajustan también los salarios de quienes ganan entre uno y dos mínimos —unos 6 millones de personas— para que un trabajador nuevo no gane casi lo mismo que uno con experiencia. Si no lo hacen, aparece el malestar interno; si lo hacen, la masa salarial sube más de lo que permite la productividad.

4. La indexación y la inflación

En Colombia muchos precios se expresan en salarios mínimos: topes de vivienda, multas, honorarios, cuotas y contribuciones. Cada aumento se transmite al resto de la economía. El efecto ya se ve en los datos: la inflación anual subió a 6,29 % en septiembre de 2026, frente a 5,18 % un año antes, y el Banco de la República elevó su tasa de política hasta 12,25 % (último ajuste el 30 de septiembre de 2026), después de haberla subido 100 puntos básicos en enero.

El caso de la vivienda VIS y VIP

Los topes de la vivienda de interés social se fijan en salarios mínimos: 135 SMMLV para la VIS general (unos $236,4 millones en 2026), 150 SMMLV en las grandes aglomeraciones (unos $262,6 millones) y 90 SMMLV para la VIP (unos $157,6 millones). Un alza del 23 % en el mínimo eleva automáticamente esos techos y puede encarecer viviendas ya prometidas en salarios mínimos.

Para evitarlo, el Ministerio de Vivienda publicó en enero de 2026 un proyecto de decreto que fija el precio en pesos desde la separación o la promesa de compraventa, prohíbe la indexación automática al mínimo y unifica el tope VIS en 135 SMMLV. A octubre de 2026 seguía como proyecto, sin decreto expedido. Quien esté comprando VIS debe revisar si su contrato pacta el precio en pesos o en salarios mínimos.

En cuanto a los subsidios, el programa Mi Casa Ya ya no usa un tope de ingresos de 4 salarios mínimos: desde el Decreto 490 de 2023 se focaliza con el Sisbén IV, con subsidios de hasta 30 SMMLV para los grupos A1 a C8 y hasta 20 SMMLV para C9 a D20.

¿Qué sectores ganan y cuáles quedan expuestos?

Beneficiados potenciales:

  • Comercio minorista y grandes superficies que atienden hogares de ingresos bajos y medios.
  • Industria de bienes de consumo masivo: alimentos, aseo y bebidas.
  • Servicios de demanda local: transporte urbano, restaurantes populares y servicios personales.

Más expuestos:

  • Micro y pequeñas empresas intensivas en mano de obra: confecciones, calzado, servicios generales y agricultura.
  • Contratos de servicios con alta participación de nómina, como aseo y cafetería o vigilancia, cuyos precios dependen directamente del mínimo.
  • Negocios formales con márgenes estrechos que compiten con una gran base informal.

Qué debería hacer una empresa ahora

  • Recalcular costos y precios con el nuevo mínimo, el auxilio de transporte y las cargas prestacionales, línea por línea.
  • Revisar contratos indexados al SMMLV, tanto los que paga como los que cobra.
  • Proyectar escenarios para 2027: con inflación por encima de 6 % y tasas altas, la próxima negociación del mínimo volverá a ser determinante.
  • Medir la productividad por trabajador y por línea de negocio para decidir dónde automatizar y dónde invertir en capacitación.

Conclusión

El aumento del 23 % en 2026 fue una apuesta fuerte por recomponer el ingreso de los trabajadores formales. Sus beneficios en el bolsillo son reales para quien conserva su empleo formal, pero los datos disponibles muestran costos visibles: más concentración en el piso salarial, más informalidad de bajos ingresos, mayor inflación y tasas de interés más altas. El fallo del Consejo de Estado y la negociación de diciembre de 2026 definirán el siguiente capítulo.

En IA Empresarial modelamos el impacto del salario mínimo sobre los costos, los precios y la rentabilidad de cada empresa. Escríbenos si quieres conocer el efecto en la tuya.

Fuentes

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